[Extraído de La aventura existencial de Elmo y Ari (I)]

Estamos comiendo Elmo, Ari y yo.

—Mamá, tráeme una servilleta —me dice Elmo.

—Ve tú a por ella —le digo.

—Las mujeres tienen que hacer las cosas —afirma, muy convencido.

—Pero bueno, ¿dónde has oído tú eso? —le pregunto, escandalizada.

—En Astérix y Obélix.

—Me parece a mí que vamos a dejar de leer Astérix y Obélix, entonces…

Elmo apoya la barbilla en la mano y dice, melancólico:

—¡Cómo me gustaría haber nacido en el pueblecito galo!

—¿Y eso? —le pregunto.

—Para poder ser un bruto… —dice, levantándose a por la servilleta.