[Extraído de La aventura existencial de Elmo y Ari (I)]

Últimamente Ari no para de dibujar.

Dibujos abstratos, figurativos, retratos, copias del natural.

En post-it, cuadernos varios, libretas, folios.

Con pinturas, rotuladores, lápices, ceras.

En su mesa, en el suelo, en la esquina del sofá.

Hoy está en la mesa de la cocina, pintando algo a lo que él llama un «barco» en un cuaderno del Senado. Mantiene los ojos fijos en el dibujo y mueve la boca como si dibujase también con ella. Le miro embelesada con la mano en la barbilla.

—¿Que quieres ser de mayor, Ari? —le pregunto.

Me responde sin dudarlo un instante:

—Superhéroe.

Después del primer instante de perplejidad, me digo: «Bueno, al fin y al cabo en ningún sitio dice que los superhéroes no puedan dedicarse a la pintura».