(Extraído del libro 100 recetas exprés para mejorar nuestros relatos)

Si las frases hechas aparecen en estilo directo y son congruentes con una forma de ser tópica del personaje, o si la trama señala a ello, encajarán en la historia, la enriquecerán en vez de empobrecerla.

No obstante, si se trata de un narrador protagonista, hay que tener cuidado con la doble función que cumplen este tipo de narradores: cuando está desempeñando la función de narrador, o sea, exponiendo los hechos, más vale que no use frases hechas (por ejemplo, «removí cielo y tierra para…» o «la busqué hasta debajo de las piedras»), ya que dichas expresiones empobrecerían la representación en la mente del lector de lo que está sucediendo.

Pero en las ocasiones en que salga a la luz el personaje con su visión del mundo, incluso si no es en estilo directo, cabría la posibilidad de usar frases hechas, como una característica más de su forma de expresarse. Por ejemplo, el narrador protagonista podría decir: «Se iba a enterar cuando me llamara. Era más terca que una mula».

En general no es que estén prohibidos los tópicos y frases hechas en literatura, sino que se suele prevenir su uso cuando lo que hacen es eludir la búsqueda de enunciados más expresivos, personales y acordes con el relato concreto que estamos escribiendo.