Elmo se ha torcido el tobillo y la pediatra ha dicho que se esté lo más quieto posible durante quince días. Le escribo una nota a Jose, el profesor de Elmo, para prevenirle.

—¿Qué pone, mamá? —me pregunta Elmo.

—«Hola, Jose» —le leo—, «Elmo se hizo ayer un pequeño esguince y la pediatra le ha dicho que no vaya a gimnasia, ni corra, salte, etc. durante quince días. Ya sé que es difícil, pero te rogaría que, en la medida de lo posible, trates de que sea así. Muchas gracias. Isabel Cañelles (mamá de Elmo)».

Elmo escucha con atención, y luego coge el papel.

—¿Qué te parece? —le pregunto.

—Bueno… —arruga la nariz—. Lo de «Isabel Cañelles (mamá de Elmo)»… Pffffff…

—Es para que sepa que es tu madre quien ha escrito la nota. Que no eres tú, por ejemplo.

—Yo no sé hacer esas letras… —dice Elmo.

«Menos mal —pienso—; qué peligro». Termino de prepararme para marcharnos al cole. Elmo y Ari me esperan en la puerta. Cuando llego, Elmo hace que lee la nota en voz alta:

—«Querido Jose, Elmo ha tenido un pequeño esguince y no puede hacer esfuerzos. Tiene que estar tumbado, ver todas las películas que quiera (también las de La Guerra de las Galaxias), jugar a la Nintendo, comer chuches y que le lean cuentos. Muchas gracias…».