La diferencia más importante entre un narrador cámara y un narrador testigo sería la apariencia de objetividad que aporta el primero. Que aparente objetividad no quiere decir que sea objetivo, claro. Tampoco lo es una cámara de cine, pues cada una de las escenas está dirigida por un director que se cuida mucho de qué es lo que abarca el ángulo de dicha cámara, pero digamos que en narrativa la subjetividad (o la manipulación que podemos hacer del narrador cámara como escritores) es mayor que en el cine, porque estás usando palabras para hablar de lo que rodea al personaje, sus gestos, etc.: todo está, pues, mucho más dirigido por la voz del narrador.

No obstante, la voz de un narrador cámara siempre dará una mayor apariencia de que lo que se nos está contando está sucediendo, sin intermediarios, ante nuestros ojos: esa será la ilusión que se creará para el lector. No habrá interpretaciones ni hipótesis ni suposiciones; no habrá reflexiones ni intromisiones en la mente de nadie: se nos hablará de acciones, de gestos, de elementos visuales y, a través de ellos, el lector interpretará el conflicto y su evolución.

El uso de un narrador testigo implica claramente, sin embargo, un filtro muy concreto para lo narrado: un punto de vista, una actitud, un estado anímico, una opinión… y además, como el narrador es a su vez un personaje y está implicado en los hechos, aunque sea tangencialmente, la impregnación de su postura en la forma de narrar se hará muy evidente.