—Qué suerte tienen los caballos y las jirafas… —dice, melancólico.

—¿Y eso?

—Por ser vegetarianos.

—No son vegetarianos —le digo, riéndome—. Son herbívoros.

—Bueno, es lo mismo. El caso es que ellos viven siempre como en un restaurante. Van por el campo o por la selva y se comen una pizza en un olmo, una hamburguesa en un pino… —y concluye—: no tienen que esperar a la hora de comer.