—No sé, Elmo. Deja de pensar en cosas del futuro, por favor.

—¿Cuando tenga doce años?

—¿Estás loco? Ojalá existieran móviles restringidos para niños… —digo.

—Eso ya existe, mami… —dice Elmo, displicente—. ¿Me estás diciendo que me vas a comprar un móvil para bebés? ¿De esos que tienen dos iconos, uno con una casita y otro con un coche de policía? Ya me imagino con mis amigos fardando… Mira, tronco, cómo mola mi móvil… Con este botoncito llamo a casa de mis papás, y con este otro a la poli… Nada que ver con tu mierda de i-Phone, tío, tronco…

Yo sigo desfasadísima, en la conversación y en la vida, pensando para mí: «Anda, ¿pero eso ya existe?».