—Bueno, amor, que hay que dormir. Te quiero —le digo, tapándole y dándole un último y sonoro beso en la mejilla.

—Espera, mami, uno más —me dice Ari y, asiéndome fuertemente con sus brazos, me da otro beso; luego me susurra al oído—: ¿Me puedes traer un vaso de agua?

Suspiro con resignación.

—Claro, amor.

Voy al baño y le traigo un vaso de agua. Bebe un par de traguitos, vuelve a abrazarme y nos damos otro beso. Luego afloja los brazos y me deja marchar, pero cuando estoy levantándome de la cama, me dice, mimoso:

—¡Mami, espera! Déjame darte el último beso. Solo por si te mueres…